CAMINO DE SANTIAGO PORTUGUES: Etapa 4 de Pontevedra a Caldas de Reis.

A pesar del “festival” nocturno hemos podido descansar bastante. La mañana comienza con un buen desayuno ya que nos esperan 23 kilómetros hasta Caldas de Reis. Somos casi de los últimos en salir, tan solo quedan una familia de holandeses que no parece que tengan mucha prisa por ponerse a andar.
La noche ha tenido que ser bastante lluviosa, menos mal que el comienzo del camino se hace por la ciudad. El casco histórico de Pontevedra es impresionante, una pena que no esté abierta la catedral, ya de por si bonita desde fuera. El silencio nos acompaña en nuestro andar, y nos va guiando por las callejuelas de esta ciudad. Intentamos empaparnos de cada rincón, de cada calle, de cada iglesia. No es de extrañar que nos hayan dejado atrás los demás “caminantes”.

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Llegamos a una explanada casi sin señales que da al rio Lérez. Deberemos cruzarlo por el Ponte Do Burgo. A pesar de que el día ha amanecido con niebla, nos deja ver una bonita estampa de la ciudad con los reflejos del rio. La verdad es que la etapa no podía haber empezado mejor.

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Seguimos las flechas amarillas que nos llevan a una carretera con tramos en construcción. El camino continua sin apenas desnivel, llegando a una de las partes más bonitas de esta etapa y para mí de todo el camino. La niebla poco a poco nos deja entrever el camino por el que vamos andando. Una senda embarrada rodeada de pinos y muros con líquenes nos hace trasladarnos a un cuento de hadas. Si hay meigas en Galicia seguro que alguna hay por aquí. El entorno es precioso y a pesar que el camino está todo embarrado y dificulta mucho el caminar, lo disfrutamos muchísimo.

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Los frondosos árboles cubiertos de líquenes y la niebla nos llevaron a un paso a nivel sin barrera. Tuvimos que atravesar las vías del tren y decir adiós a semejante maravilla. Llevábamos la mitad de la etapa y era hora de parar a tomar algo. Muy cerca había un chaval que nos invitó a entrar en su bar diciendo que era el único sitio donde podríamos sellar en todo el trayecto. Verdad o no allí entramos y dimos cuenta, junto con otros peregrinos, de un buen desayuno.

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El bar esta juntos entre dos carreteras, y se puede uno confundir fácilmente. Hubo gente que según llegaba tomaba el camino de la derecha y luego tuvo que volver. Para continuar con el camino hay que seguir por la carretera de la izquierda.
Con el estómago lleno y en nuestra retina el bosque encantado continuamos con la etapa. Ahora iremos por la nacional varias veces y atravesaremos distintas poblaciones. Más de una vez tuvimos que dar algún rodeo por el barro acumulado en la senda. Que chulo es pasear por la campiña gallega, vas pasando por pequeños pueblos de apenas 10 casas y en todos ellos tienes una sonrisa un ánimo o un ya os queda poco.

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Y con esos ánimos llegamos a Caldas de Reis. Entramos en la ciudad que ese día estaba muy concurrida por el mercado. A pocos minutos ya estábamos en el Albergue. Esta junto a un rio y un puente romano. El albergue es muy sencillo con dos habitaciones, zona de duchas de agua caliente, y zona para lavar y secar la ropa. No tiene calefacción pero si dan mantas para cada cama. Sellamos la credencial y preparamos nuestras camas. Lo raro fue que ya habían llegado los holandeses que supuestamente habían empezado a andar después que nosotros. La explicación nos la dieron luego, ellos no andan y para tener un alojamiento barato se compran la credencial y pagan menos por dormir. Quitando una plaza a alguien que si ha hecho la peregrinación andando.

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Caldas de Reis es una población grande donde puedes encontrar de todo. Lo primero que fuimos es a comprar algo para comer y aprovisionarnos de fruta para el día siguiente. El albergue tiene microondas así que nos agenciamos un par de pizzas y algo de beber para reponer fuerzas.
Una de las cosas que se pueden hacer en Caldas de Reis es ir a una de las termas que hay. Nosotros metimos los pies en una pila de agua caliente para tal fin. Una sensación genial venir de andar más de veinte kilómetros y poner los pies en remojo con el agua muy caliente.
La catedral principal también merece una visita, nosotros tuvimos suerte y a parte que nos sellaron la credencial, nos obsequiaron con un concierto de piano. Muy bonito sitio y muy bonita la acústica. Allí nos quedamos un buen rato disfrutando del improvisado concierto.

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Al caer la noche nos fuimos al cinco jotas, un bar donde te sirven comida de peregrino y que está a escasos metros del albergue. Nos tomamos unas cervezas acompañados de unos navarros y luego a cenar al albergue. Lo bueno que tiene el comer o cenar en los albergues es que uno saca algo para comer, otros algo de bebida, y compartimos todo.
Bien entrada la noche cerraron el albergue y estuvimos hablando con la portuguesa roncadora (no se su nombre 8) ). La pobre no iba a poder continuar por las ampollas que tenía. Llegaría a Santiago en autobús, una buena decisión por cómo iba andando y el dolor que sentía. La dijimos adiós y nos contestó con un “mañana dormiréis mejor”, que razón tenía 😎

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