CAMINO DE SANTIAGO PORTUGUES: Etapa 6 de Padrón a Santiago de Compostela.

Este día estaba marcado en rojo en nuestros calendarios, llegaríamos a Santiago en peregrinación y cumpliríamos uno de nuestros sueños, completar el camino. El tiempo nos había acompañado, y las ampollas no nos habían dado mucha guerra. Todas nuestras expectativas habían sido satisfechas, Galicia y el Camino nos habían dado mucho, aunque lo mejor estaba por llegar.
Muchos de los peregrinos ya habían comenzado la caminata, que al igual que a nosotros nos llevaría a Santiago tras 25 kilómetros. Era la etapa más larga, y la más deseada. Para nosotros suponía un punto y seguido, pues intentaríamos llegar a Finisterre en tres días, pero para la mayoría suponía el fin de la peregrinación y el comienzo de ir pensando en otros caminos, en otras ilusiones.
La noche en Padrón fue tranquila y reparadora. Los roncadores, tras un golpe de compañerismo, se habían puesto al final de la habitación, todo un detalle. Recogimos nuestras cosas tranquilamente, hicimos nuestros estiramientos y comimos algo.

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Padrón nos despedía con un día muy nublado, pero sin la temida lluvia que días atrás nos amenazaba. Decíamos adiós a una bonita localidad en la que habíamos disfrutado mucho. Pero también nos despedíamos de personas a las que posiblemente no volveremos a ver, peregrinos de otros países u otras comunidades con los que hemos compartido etapas, vivencias y alguna que otra cerveza. Como un par de francesas que venían peregrinando desde Oporto y con las que nos cruzábamos en casi todas las etapas. Nos comunicábamos por señas, y con un escueto Buen Camino, pues es lo único que sabían decir en castellano. Lo más increíble era que tenían setenta años y habían aguantado como unas campeonas. Si alguien tiene mérito en hacer la peregrinación, esas son ellas.

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Las indicaciones nos llevaron de nuevo a Iría Flavia y a pasar de nuevo por el cementerio donde está enterrado Camilo José Cela. Nos metemos en el pueblo siguiendo las flechas amarillas y vamos viendo a lo lejos algunos peregrinos, son los últimos que veríamos hasta llegar a Santiago.
La etapa es muy sencilla y bien marcada. Fuimos pasando por distintas localidades y combinando sendas de tierra con trozos en los que hay que pasar por la N550. Cuando llevamos más o menos once kilómetros nos paramos en Teo, es el único bar que hemos visto en todo el recorrido. Para encontrar el bar hay que salir un poco de la ruta unos doscientos metros, hay indicaciones que te lo marcan en el recorrido. Nos tomamos un desayuno con tostadas y mermelada que nos saben a gloria.

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Vamos ascendiendo poquito a poco hasta llegar al punto más alto de la etapa y de todo el camino portugués. En un puente hay un mogote que nos muestra que nos quedan 4600 metros hasta Santiago, tenemos la primera vista de las torres de la catedral. Ya no nos queda nada, solo tenemos que bajar hasta Santiago. La verdad es que es todo un momentazo, de esos que recordaremos toda la vida.

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Disfrutando de las vistas de Santiago descansamos un poco, nos lo hemos ganado.
Vamos bajando lo ganado en la etapa hasta llegar a Santiago. Una vez llegas a la ciudad hay menos indicaciones, pero estamos en Santiago, sólo hay que seguir dirección a las torres y a la Plaza del Obradoiro. Vas pasando por el casco histórico de Santiago que es una pasada. Una ciudad llena de historia y de vida. Muchos peregrinos procedentes de este y otros caminos ocupan las calles que llevan a la Plaza, algunos con la compostelana en la mano, otros con una copa de vino, pero todos con la sonrisa del objetivo cumplido.
Y cuando las calles se acaban, llega el kilómetro cero, el epicentro de todas las peregrinaciones y frente a nosotros, las torres de la Catedral de Santiago.

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Casualmente nos hemos encontrado a nuestros compañeros navarros de los que nos despedimos hasta coincidiren otro camino. Quien sabe!.
Lo primero que haces es ir a por la compostelana. Solo hay que seguir las indicaciones hacia la oficina del peregrino y esperar tu turno para presentar la credencial. Nos preguntan de dónde somos, nuestro punto de partida y motivos por los que hemos hecho la peregrinación. Con nuestra compostelana en mano nos vamos a comer algo. Un sitio que conoce todo el mundo es casa manolo, donde te ponen dos platos postre y agua por diez euros. Se encuentra en la Plaza de Cervantes a pocos metros de la del Obradoiro. Los platos tienen comida abundante y la relación calidad precio es muy muy buena. Siempre tiene los mismos platos para elegir. Está abierto solo por la mañana, y aunque en hora de comidas cuesta encontrar mesa rápidamente, merece muchísimo la pena. Nosotros nos pedimos caldo con almenas y croquetas por una parte, y lenguado y calamares por otra.

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Cogimos nuestras mochilas y nos fuimos a ver la catedral por dentro. No es muy diferente de como la recordaba. Yo (Jose) estuve aquí hace 13 años, y por aquel entonces todavía se podía poner la mano en uno de los pilares que dan entrada a la catedral. Se puede ver como la marca de los fieles ha dejado mella en ese lugar. La catedral es impresionante la mires por donde la mires comparable a otras grandes que hay en España como El Pilar de Zaragoza, La Almudena de Madrid, o la Catedral de Burgos por citar algunas.
A las cuatro de la tarde es cuando abren la cripta donde residen los huesos de Santiago Apóstol, una parada obligada si tus motivos son religiosos. También se puede subir a abrazar al santo y contemplar la catedral desde el altar.

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Después de la visita por la catedral nos fuimos a buscar alojamiento. No queríamos dormir en el albergue de peregrinos, pues cierran a las diez de la noche, y nosotros queríamos ver la catedral iluminada y conocer un poco de la noche de Santiago. Las opciones son muchas, pero considerablemente más caras que lo que andábamos pagando hasta ahora. Al final decidimos quedarnos cerca del casco histórico, en el O Fogar de Teodomiro. Este hostel tiene habitaciones compartidas por 15 euros. Lo mejor de todo es que tienen una contraseña para entrar cuando no hay nadie en recepción, justo lo que nosotros queríamos.

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Tras descansar un rato y darnos una ducha nos fuimos a dar una vuelta por la ciudad. Según sales de la catedral en la esquina superior derecha se puede ver una de las numerosas iglesias que hay en Santiago. Pero esta tiene la peculiaridad que en lo alto hay esculturas de las cuatro sotas de la baraja española. Esta y otras peculiaridades te las van contando los más veteranos mientras vas haciendo el camino.

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Poco a poco la noche se apoderó del lugar, los peregrinos son cada vez menos y ya no acampan a sus anchas por las calles de Santiago. No éramos más de veinte personas en la plaza cuando se encendieron las luces. La catedral se vistió con sus mejores galas y nosotros pudimos disfrutar de una de las mejores postales de todo el camino.

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