CAMINO DE SANTIAGO EPÍLOGO FINISTERRE: Etapa 3 de Olveiroa a Finisterre.

Hemos dormido tan bien que somos de los últimos en partir, nos vamos despidiendo de la gente que posiblemente ya no volveremos a ver, y después nos tomamos un poco de fruta para comenzar el día.

Inicialmente esta etapa la habíamos planteado en dos, haciendo los primeros 20 kilómetros hasta Concurbión y al día siguiente hacer los 12 que nos llevarían a Finisterre. Pero los planes están para cambiarlos, y como nos encontrábamos con fuerzas hicimos la etapa larga, andando los 32 kilómetros.

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La etapa la comenzamos desde Olveiroa por la carretera principal, que nos lleva a un pequeño rio desde donde parten a su izquierda varias rutas de senderismo por la zona. Nosotros tendremos que seguir la carretera hacia la derecha tal y como nos indican las flechas y mogotes. Un comienzo de gran belleza con los colores propios de la primavera y a nuestra izquierda en todo momento el embalse de do Castello, que se va mostrando poco a poco según avanzamos.

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Ahora sí que vamos pasando a gente que se va quedando rezagada. Es el día que más gente veríamos. La senda va cambiando de tierra a asfalto, pero siempre con los pinos salvajes a nuestros lados. Ya en el kilómetro 6 es cuando encontramos la primera bifurcación. Si vamos a la derecha continuaríamos al etapa hasta Muxía, y a la izquierda marca Finisterre.

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Sobre el kilómetro 10 hay una pequeña ermita con unos merenderos. Nosotros en un principio creíamos que esta iba a ser nuestra mitad de etapa, por lo que paramos a dar buena cuenta del chorizo que llevábamos. Una de las Coreanas, que durmió en el suelo de Negreira, estaba sentada y se nos acercó para hablar con nosotros. La quedaban cuatro días para salir de España y volver a su país. Se había hecho en un mes, los 800 kilómetros que separan  San Pied de Port de Santiago de Compostela, toda una experiencia. Muy amablemente compartió las mandarinas que llevaba y continuó camino a Finisterre.

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Mientras otros peregrinos llegaban a la ermita nosotros continuamos camino. Ahora sí que el paisaje va cambiando y se va haciendo más agreste. Poco a poco vamos avanzando en la etapa. Sin dejar la pista de tierra ya podemos ver el Atlántico a nuestra izquierda. A la derecha tenemos una indicación para ver el Cruceiro de la Armada, con unas bonitas vistas de Concurbión.

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Tendremos que volver andando sobre nuestros pasos para continuar la senda y bajar por una cuesta bastante empinada. Hay que tener especial cuidado al bajar sobre todo si hay lluvia, el terreno es poco uniforme. Son ese tipo de bajadas que te parten las rodillas. Personalmente siempre prefiero subir (moderadamente) a bajar. Hasta aquí la etapa había sido bastante sencilla con mucho llaneo. Ahora tocaba descender los 200 metros de desnivel que nos llevarían a Cee, y lo que creíamos que sería el final de la etapa de hoy, Concurbión.

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Cee es una de las poblaciones más grandes que nos hemos encontrado en este epílogo hasta Finisterre. Como nos íbamos a quedar en Concurbión aprovechamos para comprar algo en el súper para comer. Luego intentaríamos cenar caliente en algún bareto de la zona viendo el futbol. Desde Cee a Concurbión hay poca distancia, vas pasando por el centro del pueblo y si quieres se puede visitar la catedral. Nosotros optamos por seguir las indicaciones del camino que nos metían al interior. Son algo confusas pero al final conseguimos llegar a Concurbión. La bahía es preciosa con muchos barcos de pesca. Merece la pena acercarse a la orilla para tener una mejor vista.

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Nosotros queríamos alojarnos en el albergue de San Roque, que lo llevan los amigos del camino y que dan cena comunitaria. Precisamente ese día estaban haciendo reformas por lo que tuvimos que comenzar a buscar un albergue privado. Hay varias opciones, nosotros elegimos una que está cerca de la bahía. En ese momento no había nadie en el albergue y tampoco había ninguna cama ocupada. Las vistas eran bastante buenas, pero también el calor que hacía dentro y la cantidad de moscas.

Estuvimos allí un rato, nos hicimos la comida, descansamos, pero allí no aparecía nadie. No nos daba muy buena espina dejar las cosas allí e irnos. Como no nos apetecía esperar, decidimos seguir nuestro camino a Finisterre.

Concurbión es un sitio bastante chulo. Un pueblo de casitas bajas, muy distinto a la urbe que es Cee, y en donde se puede palpar la tranquilidad en todas sus calles. Fuimos paseando hasta dar con el albergue de San Roque que efectivamente estaban de obras, una pena porque nos apetecía bastante eso de la cena comunitaria, algo que en otros caminos como el francés es normal en muchos albergues.

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A partir de aquí el camino se hacía un poco más dificultoso por el estado del sendero. Pequeños tramos de carretera daban respiro al barro acumulado en nuestras botas. Ahora tocaba bajar hasta una zona de playa. Sólo quedaban ocho kilómetros para terminar y el cansancio se estaba haciendo mella en nuestros pies doloridos. Paramos a descansar en un bareto próximo a la playa. Una calita muy bonita de arena blanca. A pesar de estar en Abril, había gente que aprovechando el buen tiempo estaban disfrutando del agua.

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Salimos de la zona de casas para continuar la etapa viendo todo el rato el océano. Que distinto del camino Portugués, y que bonita etapa. Llegamos al mirador, desde donde se tienen unas fantásticas vistas de Finisterre, ese era nuestro destino, y el de muchos que antaño terminaron aquí su peregrinación. El conocido siglos atrás como “Fin de la Tierra” y de todos los caminos, estaba cada vez más cerca, sólo unos pocos kilómetros nos separaban.

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Ahora es cuando ya se empiezan a ver los acantilados y las pequeñas calas bañadas por el océano. Muchas de ellas de difícil acceso, arena blanca, y colores turquesa, te hacen pensar que nos vamos a miles de kilómetros para encontrar cosas así, cuando las tenemos muy cerca.

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Seguimos con tramos de carretera hasta dar con un paseo de madera que recorre toda la playa de Lagosteira. Una bonita playa de casi tres kilómetros de longitud, que es la antesala de la llegada a Finisterre. El paseo es bastante agradable, con sitios para sentarte y disfrutar de las vistas.

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Una vez llegamos al cruceiro ya estamos casi al final de nuestra etapa. Aquí es un buen sitio para disfrutar de las vistas de todo lo andado. A partir de aquí es todo subida hasta llegar al albergue. Un kilómetro de seguir las que serían nuestras penúltimas líneas amarillas. Habíamos llegado al albergue tras 32 kilómetros. Muchos pasos, risas, paisajes, gente se quedaban atrás, pero permanecerían en nuestro corazón por siempre.

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El albergue de la Xunta en Finisterre está justo al lado de la parada de autobuses que te lleva de vuelta a Santiago. Tras darnos la finisterrana (documento que acredita que has hecho la peregrinación a Finisterre desde Santiago) nos dieron algunos consejos para las visitas y cosas que podíamos hacer en nuestra estancia en Finisterre. La pena es que en el albergue sólo podíamos estar una noche, al día siguiente nos tendríamos que buscar otro para pasar la siguiente noche aquí.

Después de dejar nuestras cosas nos fuimos a tomar algo y a dar una vuelta por Finisterre, dejando para el día siguiente los tres kilómetros que nos llevaran al faro y al kilómetro 0 de todas las peregrinaciones. Es un sitio bastante chulo, mires por donde lo mires está lleno de calitas para disfrutar del mar, un ambiente juvenil y muchos sitios donde comer bien y tomarte algo.

Nos encontramos al ucraniano y a otro chico de Toledo que había hecho la peregrinación desde León. Se iban a ver atardecer a una playa cercana, y nos fuimos con ellos. Un sitio precioso a escasos diez minutos del albergue. Allí estaban casi todos los que habían dormido la noche anterior en Olveiroa. Muy cerca de la arena disfrutamos de un precioso atardecer en un sitio fantástico.

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El Sol fue cayendo poco a poco y también nuestra temperatura corporal. La mejor manera de entrar en calor era tomándote unos licores de yerbas. Nos fuimos al O Pirata, un sitio muy recomendado, con buenos precios y con buena gente. Estuvimos un buen rato, y nos juntamos varios, incluso vino el irlandés de casi dos metros roncador (que por cierto llevaba dos mil quinientos kilómetros andados!!!). Pobrecitos quien les tocara al lado hoy, pues llevaba una buena tajada. Y a una cerveza le siguió otra, y luego empezamos con los licores de yerbas. En el O Pirata tienen la mala costumbre de dejarte la botella y tú te vas tomando. Obviamente no quedó nada. 8). Muchos se quedarían allí algún día mas, otros irían a Muxia, otros volverían andando. Nos fuimos despidiendo o emplazándonos para el día siguiente. El colofón perfecto para una bonita etapa y casi al fin de nuestra peregrinación.

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