CAMINO DE SANTIAGO EPÍLOGO FINISTERRE: Etapa 1 de Santiago de Compostela a Negreira.

Hemos dormido como niños, quizás fuera porque habíamos conseguido nuestro objetivo de llegar a Santiago de Compostela, o porque nos esperaban etapas duras en las que tendríamos que hacer acopio de todas nuestras energías. El Fogar de Teodomiro había sido todo un acierto, situado a unos pocos minutos del centro histórico y sin el bullicio de algunos albergues. Tuvimos la suerte que nos dieron una habitación de cuatro en la que sólo estábamos nosotros dos, que más se puede pedir.

Con todo recogido a las ocho de la mañana partimos en esta nuestra primera etapa de peregrinación a Finisterre, o la séptima desde que empezamos el Camino. La noche había sido lluviosa y las calles de Santiago estaban algo mojadas. Tan sólo un chirimiri hacía que no pudiéramos disfrutar de nuestra salida de la Plaza del Obradoiro. Desde aquí iniciábamos los 21 kilómetros que separan Santiago de Negreira.

Desde la plaza debemos tomar el camino que baja por la iglesia donde están las esculturas de las cuatro sotas. Hay que decir que la salida de Santiago es más bonita y amena que la entrada. Seguimos nuestro camino casi sin señalizaciones hasta llegar al primer mogote que indica los ochenta y ocho kilómetros que faltan hasta llegar a Finisterre.

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CAMINO DE SANTIAGO PORTUGUES: Etapa 6 de Padrón a Santiago de Compostela.

Este día estaba marcado en rojo en nuestros calendarios, llegaríamos a Santiago en peregrinación y cumpliríamos uno de nuestros sueños, completar el camino. El tiempo nos había acompañado, y las ampollas no nos habían dado mucha guerra. Todas nuestras expectativas habían sido satisfechas, Galicia y el Camino nos habían dado mucho, aunque lo mejor estaba por llegar.
Muchos de los peregrinos ya habían comenzado la caminata, que al igual que a nosotros nos llevaría a Santiago tras 25 kilómetros. Era la etapa más larga, y la más deseada. Para nosotros suponía un punto y seguido, pues intentaríamos llegar a Finisterre en tres días, pero para la mayoría suponía el fin de la peregrinación y el comienzo de ir pensando en otros caminos, en otras ilusiones.
La noche en Padrón fue tranquila y reparadora. Los roncadores, tras un golpe de compañerismo, se habían puesto al final de la habitación, todo un detalle. Recogimos nuestras cosas tranquilamente, hicimos nuestros estiramientos y comimos algo.

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